Muchos alumnos vemos con preocupación que algunas medidas recientes parecen poner el foco en controlar y limitar al estudiante, en lugar de mejorar el nivel académico, la calidad de la cursada y el acompañamiento real dentro de la universidad.
La asistencia obligatoria con un límite estricto de faltas resulta difícil de justificar en una institución privada donde el alumno ya está pagando por su educación. Si una persona estudia, cumple y rinde bien, no debería ser tratada como si la presencia física fuera más importante que el aprendizaje real.
Además, no todos los alumnos tienen la misma realidad. Hay gente que trabaja, que no llega siempre a ciertos horarios, que tiene trabajos muy dinámicos, emprendimientos propios o incluso empresas que requieren presencia y decisiones en horarios cambiantes. Justamente, siendo la Universidad Argentina de la Empresa, resulta contradictorio que no se acompañe más al alumno que intenta construir su propio camino, sino que se lo limite con reglas rígidas que no contemplan esas realidades.
También preocupa que se intente regular cada vez más la forma en que los alumnos se visten o se presentan. La universidad debería preparar profesionales responsables y capaces, no imponer reglas de formalidad que parecen responder a modelos de otra época.
Otro punto importante es el clima que se genera cuando los estudiantes sienten que quejarse puede traer consecuencias. Quejarse no debería ser un acto de confrontación ni algo que haya que hacer escondido: debería ser una herramienta legítima para mejorar la universidad.
En muchas materias se enseña que las organizaciones modernas necesitan escuchar, trabajar de manera más horizontal, cuidar a las personas y construir espacios donde todos puedan opinar sin miedo a represalias. Sin embargo, varias decisiones parecen ir en sentido contrario: más control, más rigidez y menos diálogo.
Una universidad que quiere formar mejores profesionales debería confiar más en sus alumnos, escuchar sus reclamos y enfocarse en elevar la calidad académica. El objetivo no debería ser perseguir, controlar o endurecer reglas, sino crear un entorno donde estudiar, opinar y mejorar sea posible.